Tecnología que transforma: soluciones para las personas
La tecnología que deja huella no siempre se reconoce por su complejidad técnica. A menudo, se percibe en lo más cotidiano, cuando contribuye a mejorar la salud de los pacientes, hace más accesible un servicio, permite a una persona en situación de vulnerabilidad comunicarse con su familia o navegar por internet con total autonomía. La tecnología transformadora es aquella que responde a necesidades reales y lo hace con inteligencia, sensibilidad y sentido práctico.
La frontera entre lo físico y lo digital se ha vuelto porosa. Hoy, los sensores detectan cambios invisibles, los algoritmos aprenden hábitos de conducta y los dispositivos entienden el lenguaje natural. La robótica ya no es cosa del futuro y colabora en hospitales, acompaña en tareas educativas y participa en terapias. El IoT (Internet de las cosas) se despliega en hogares, edificios, sistemas de salud o espacios públicos, conectando los entornos con las personas que los habitan.
Esta transformación va mucho más allá de mejorar la eficiencia. Se trata de un asunto de dignidad, de autonomía y de acceso a una vida lo más convencional posible.
Una humana digital que detecta emociones puede ayudar a combatir la soledad, un sistema de automatización en un edificio puede marcar la diferencia para alguien con movilidad reducida, una solución de visión por computador puede contribuir a un diagnóstico más rápido... Todo eso ya está ocurriendo y no en prototipos, sino en soluciones reales que están en marcha y se comercializan.
En el Pabellón de España de 2026 contamos con empresas como AIMA Beyond AI, Alisys Robotics, Grupo Saltó, Invicsa Airtech, PAL Robotics, Robotbas, SPC o VisionApp que están desarrollando tecnologías diseñadas para mejorar la calidad de vida de las personas en contextos tan diversos como la salud, el hogar, los entornos urbanos o la industria.
Confianza digital, el gran soporte invisible
Una transformación tecnológica centrada en las personas no puede producirse sin un componente esencial: la confianza. Identidades digitales protegidas, comunicaciones seguras, verificación biométrica o entornos protegidos frente a ciberataques ya no son elementos opcionales. Son los cimientos sobre los que se asienta el enorme peso de una experiencia digital segura y justa.
La mayoría de las interacciones tecnológicas actuales implican algún tipo de transacción de datos. Cuando se solicita una cita médica, se firma un documento digital o se accede a una red desde el móvil, se pone en juego información personal. La tecnología debe garantizar que esa información esté donde debe estar y que el control sobre ella permanezca en manos del usuario.
La identidad digital es uno de los grandes retos de la década. Su definición no es solo técnica, también ética. Verificar que alguien es quien dice ser, sin poner en riesgo su privacidad, exige un equilibrio delicado entre seguridad y accesibilidad. Esto requiere soluciones que estén diseñadas con visión de futuro, ambiciosas en cuanto a su estrategia de producto y con plena conciencia de los riesgos actuales. Y lo mismo sucede en el ámbito de los pagos digitales y la gestión financiera, donde la confianza es un requisito previo para cualquier avance. La seguridad no solo protege las operaciones, también les da sentido.
Empresas como Insurama, Mobbeel, Monei, OffshoreTech, Quobis, Roams, Schaman o Summa Networks, que estarán presentes en nuestro Pabellón, son ejemplos del uso de la tecnología para gestionar y reforzar la identidad digital, la ciberseguridad y la confianza en los entornos digitales, también en aquellos donde los datos más sensibles son los más habituales.
Transformar con tecnología implica algo más que innovar, ya que requiere tener en cuenta el contexto humano en el que esa innovación se desarrolla. En ámbitos como la salud, la accesibilidad o la seguridad digital, la inversión tecnológica se ha considerado en ocasiones un coste necesario, sin que siempre se reconozca su potencial como motor de crecimiento. Sin embargo, son precisamente esos los espacios donde surgen algunos de los retos más exigentes y relevantes. Desarrollar soluciones que protejan, que respondan a necesidades reales y que integren criterios de inclusión contribuye a reforzar las capacidades técnicas de una sociedad y a mejorar sus modelos de atención.